martes, 27 de octubre de 2009

triste la vida


...a las ramas ya no le quedaban flores. El verano que parecía querer ver que sus matices y fragancias explotaran como besos de perdidos de Eros, no tenía realmente esa intención, más bien las quemó, y fue triste aquel final porque debería ser al revés ¿Qué llevó a que se ese abrazo se transformara en brasas y ceniza?

Lluvias de pétalos en conmemoración de la alegría que partió rocían con amargura mi rostro que se desfigura al pensar en ti.

Sentada en una banca, la niña miraba la punta de sus zapatos. Sobre ella había un árbol que sus ramas parecían querer tocar su hombro y un racimo de hojas se columpiaban cuando el soplo de algún dios niño hacía travesuras por allí. Entonces atiné a soplar como el viento lo hace en un día de otoño mostaza y logré desprender algunas hojas para que me viera. Comenzó la garúa vegetal y una gota de árbol brincó sobre su sombrero.
Niña, si vieras la cara de sorpresa que tenías!!! Me recordó nuestras tardes a orillas de la pileta. Bella, bella se veía, me veía con mi boca que imitaba a esos peces color rubor...BELLA, BELLA LA TARDE EN QUE EL CREPÚSCULO ERA NUETRA AMISTAD....

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