
Las alas de mis labios hicieron nido en su cuello, pero yo lo quería libre como el viento que susurra en mi oído novelas del mundo.
En algunas de esas novelas escuché aventuras de grandes personajes que luego fueron contenidos de la asignatura de historia en el colegio, y la historia actual de lo que hoy es el mundo. Pero, ¿QUÉ ES EL MUNDO?
El Mundo parecía ser algo sencillo y descifrable para su manera de pensar. Toda acción era causa y consecuencia que irremediablemente se estigmatizaba bajo la vara de sus creencias. Nada podía escapar, nada había que hacer, pues, aunque no tenía experiencia en nada, su padre espiritual ya lo había convencido de la maldad que imperaba y por lo tanto basándonos en las sagradas teorías, de quién nunca sufrió, este mundo era un caos total.
Con el pasar de los años solo su cuerpo se desarrollaba. Los pensamientos que florecían de repente en su mente, como esos del amor y las vivencias propias de un adolescente eran voces de personajes diabólicos que debían desaparecer, si no el gran maestro aplicaría gran sanción. ¡Y qué pena tan grande sentía! Porque el castigo era autoaplicado antes de cometerlos para no tentarse a fracasar.
Seguían pasando los años y era inevitable que siguiera interactuando con el mundo que lo maltrataba. Si hubiese tenido el valor de suicidarse lo hubiera hecho, pero cuando lo intentaba, el solo pensar que eso era pecado lo hacía sentirse más culpable aun de lo que no era y no lo hacía. Por lo tanto ahora era tarea diaria tratar de sufrir en al más obscuro silencio y de ahí en adelante toda acción realizada debía estar premeditada y en ningún caso sujeta al más mínimo error. Desde ahora sería perfecto y las lágrimas, que alguna vez quisieran arrancar corriendo por sus mejillas, ahora estarían presas en esos ojos que de a poco se volvieron negros como la oscuridad de una cárcel.
La relación que tenía con su prójimo era totalmente seca. Él era un hombre que jamás caminó por la senda de los errores ni la imbecilidad. Pero sus semejantes eso poco los convencía, y al tener que tratar con él lo hacían con la más gruesa hipocresía. Qué le iba a importar a nuestro personaje esto, total el resto era falla universal por no basarse en las teorías de su estilo de vida.
Un día, otra vez la voz “diabólica” lo volvió a llamar y esta vez consultó a su guía para saber que era lo que debía hacer. Su guía le dijo que la voz tenía algunas verdades que tenía que vivirlas con precaución y, que a la menor tentación la naturaleza del hombre era pecar y luego pedir perdón. Esto conmocionó bastante al personaje y pensó en arriesgarse, total ya existía el derecho a la redención. Fue probando estas nuevas sensaciones y situaciones y le empezó a gustar en demasía, pero como si cuando te estuvieras mirando a un espejo y de la anda aparece un fantasma reflejado a tu lado, recordaba tristemente la cara dominante y la lección bien escuchada de su guía.
Un día olvidó hacer sus auto-castigos y se olvidó de sus reglas, entonces empezó a sentir que sus pulmones se hinchaban de aire y a cada rato, en cada inspiración, estos querían más y más gas de libertad y por eso, un día su cuerpo creció tanto que ya no cabía en la caja de cristal en que estaba atrapado y tal como si se tratara de una bomba, el dolor que sentía lo hizo explotar en gritos y la casa se destruyó.
Ahí quedó tirado al medio de una calle donde, por obra y gracia de la vida, ningún auto lo atropelló. Ahí estaba yo observando la calle cuando de repente lo vi y corrí hacia él.
No comprendo bien como fue que todo ocurrió, solo recuerdo que él me nombró y yo le respondí. No me había dado cuenta que lo conocía hace ya tiempo, que era un amigo. Ese día después de lo sucedido, nos reconocimos como verdaderos amigos.
Otro día que se le volvió a ver en mi vida le pregunté la razón de su estado, no dijo nada, solo me miró y en sus ojos pude ver que ya no eran tan negros y que de apoco tomaban color a naturaleza, y vi, como si tuviera dos pantallas de televisor en su cara, por sus ojos un pequeño animal que salía de una jaula y corría rápidamente al bosque donde pertenecía.
Eso vi. Y luego de eso caminamos hacia una banca que había en el parque y las alas de mis labios hicieron nido en su cuello, pero yo lo quería libre como el viento que susurra en mi oído novelas del mundo. Novelas del mundo, como esta que yo te susurro a ti…
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