
La cabeza envuelta,
cuatro sentidos prisioneros
Manos juntas sin amarras
quinto sentido reprimido
pero no son los únicos
sobre la mesa de piedra
descanza aquel que desea enamorarse
y los olores giran por su cabeza
y la nariz seca se entristece
y los sabores se posan cerca de su boca
y la boca apenas húmeda se entristece
y los sonidos vuelan de rincón en rincón
y los oidos envueltos se entristecen
y las luces de colores juegan sobre sus párpados
y los ojos ensombrecidos se entristecen
y las caricias cosquillean por su espalda
y los dedos apretados se entristecen
y su amado intenta entregarse a ella
pero solo se entristece...
Nunca existió paño que cubriera su cabeza
ni sogas que amarraran sus manos
Nunca existió un mal amante para ella
simplemente
aun no se liberaba de un antiguo dolor...
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