Tomó su espada, su escudo, y a montó al unicornio. ¿Hacia dónde iba?, ¿a quién iba a rescatar? Sólo su corazón y su prisa lo sabían.
Cada vez cabalgaba más y más rápido el animal con el caballero en el lomo.
¿Caballero? No, simplemente era una muchacha, vestida con armaduras de plata, la que montaba tal bestia mágica solo afirmada de su cabellera.
En una torre, de un gigantesco castillo, vivía un hermoso Rey de azules vestiduras que tristemente dormía. Una vez una bruja, hermosa pero maldita de alma, le dio de beber un vino, que al ingerirlo, le hacía pensar que todo estaba bien, pero siempre que se decía a sí mismo que los habitantes del reino vivían felices, le venía un malestar, como una punzada, sobre su estómago y su pecho. Así pasaron los meses en que la bruja aumentaba la dosis enviándole más y más jarras de ese licor al rey, hasta que un día… lo embriagó hasta el punto que cayó desmayado de dolor.
Cuenta la servidumbre del castillo, que cuando entraron en la habitación de este hermoso Señor, él yacía tirado boca abajo en la cama con la colcha húmeda de lágrimas, (eso se sabe porque el rey tenía los párpados hinchados y una mano sobre su frente) pero estaba vivo.
Qué tristeza para el castillo, que tristeza para aquel reino. Tan buen hombre no podía permanecer así, algo se debía hacer. Su sonrisa, aquel hermoso sol que cada mañana se entreabría para anunciar la mañana.Que cuando cerraba los labios anunciaba la noche, no podía desaparecer, era la vida, el corazón de estas tierras, así que hicieron el llamado a todos los magos y druidas del bosque y todos los mundos posibles para que lo salvaran. Pero ni los gnomos, hadas, ondinas, sirenas, que también asistieron, para ver si podían traerlo de vuelta, tuvieron éxito. Un viejo, un humilde viejo, que solo tenía a su vejez y viudez como compañía, contó que alguna vez oyó decir a un fénix que: -. para salvar el alma hechizada de un ser de noble corazón, se debe enterrar en su pecho un cuerno de unicornio vivo, y dejar que la sangre negra que posee este cuerpo corra, hasta que ya no quede nada más.-. ¿Pero cómo? ¿Acaso no moriría si se desangraba? Eso era lo lógico que todos habían pensado, pero el anciano agregó: Es lo que escuché, aunque, yo creo, que esto no es más que una metáfora de lo que realmente debería ocurrir, porque obviamente nadie puede vivir sin sangre…
Qué terrible noticia. Todo el reino lloraba por el destino de su amado rey. ¿Qué haría que las flores volviesen a florecer?¿ Qué haría que los pájaros volviesen a cantar? ¿Cuándo volverían los árboles a dar frutos?. Ni el río deseaba correr por su sendero hasta el mar, ni las mariposas querían volver a volar. El cielo se entristecía y la luna menguaba cada noche para mecer el triste cuerpo de su hijo maldecido por aquella malvada mujer.
Despertó de sobresalto, su pecho latía impetuosamente y el sudor corría por su frente. Ese día una luz brilló sobre su frente como una estrella guiadora de su destino. ¿Qué quería decir esto? La razón no podía dar respuestas en este momento, sólo sabía que debía levantarse y hacer lo que dentro de sí nacía ahora. Así que preparó su bolsa de pertenencias, se bañó y se vistió como para ir a luchar la batalla más grande de su vida. -.¡A vencer.Yo soy la luz que vencerá!- pronunciaba sin saber lo que significaba eso.
Salió de su casa y empezó a correr hacia el bosque dónde vivía un fabuloso amigo que sin saberlo, ya estaba esperando su llegada y le dijo: -.Démonos prisa, todo esto debe acabar hoy.- ¿A qué te refieres amado amigo? A qué hoy conocerás la gloria de tu alma, hoy te harás uno y único y esa inquietud que llevas desde tu despertar en el corazón encontrará su respuesta, su ley, su descanso….- Así que, orientados por la hermosa luz que ese día se encendió como sol en su frente pudieron encontrar un enorme castillo cerca del mar y las montañas que jamás habían oído ni sabido de su existencia, pero que sin embargo les era muy familiar. Entraron sin problemas, pues los guardias de la fortaleza no sintieron que ellos representaban una amenaza, incluso uno de ellos les dijo: -. Suban hasta el final de las escaleras, ahí se encuentra la última habitación y, acostado sobre su cama, encontrarán a su majestad.-
Cada vez se hacían más extraños los diálogos, y menos entendía la mente a qué se referían todos con esas palabras. Pero siguió a lo que debía hacer y al pisar el último escalón de una de las torres, su corazón comenzó a latir cada vez más rápido y con un paso tímido y temeroso a la vez, se asomó por el lindel de la sala. Entró y se paró frente a lecho. Un rostro inexpresivo descansaba casi violáceo, pero aun con vida. Se sentó sobre un costado de la cama y abrazó al rey firmemente. Pero este no reaccionaba. Empezó a besarlo haber si así despertaba, pero había algo le pareció curioso. No porque no supiera besar, sino porque nunca había besado sintiendo profundo amor a alguien a quien no conocía. Nada ocurría. Hasta que pensó y se asomó por la ventana, y gritando con gran pena exclamó: .- Hermosa luz que coronas mi frente, ¿qué victoria alcanzaré contigo?¿A quién debo vencer? Y la luz le respondió: Observad qué es lo que sin ser noche provoca tanta obscuridad y después de saberlo tómalo y ponlo en su lugar. No era de noche eso era obvio, porque la luna nunca faltaba en esas horas y todos sabían que amanecía porque el rocío y su frío hacían crujir las maderas. Claro, sabía que era de día, y lo que faltaba era el sol, el rey sol, y comprendió que aquella luz que en su frente brillaba era la razón del día, lo que todos necesitaban, lo que su majestad necesitaba. Y entonces, extendió sus brazos lo más alto que pudo y estas se convirtieron en alas con las que alcanzó el cielo y cuando estuvo allí colocó un trozo de ese prisma místico con lo que el cielo se volvió a iluminar y cuando todo hubo brillado, bajó hacia la habitación del buen hombre y el resto de luz que aun quedaba en su frente lo puso en su pecho, se apartó unos centímetros y esperó a ver qué pasaba. De repente y como por arte de magia, el cuerpo moribundo del rey empezó a iluminarse como si unas mantas dorada, rosa y celeste lo cubrieran, lo contuvieran y de su pecho brotó una serpiente negra, horrible, que como un gusano retorciéndose en agonía empezaba a morir y a desaparecer, y de ahí unos hermosos ojos color tierra se abrieron y un nuevo ser se enderezaba, un ser lleno de luz, como la antigua luz que antes poseía, pero ahora más brillante, más cautivante…Era el rey vuelto a la vida.
¿Quién eres tú que estás frente a mí, eres acaso mi salvadora? ¿Y por qué estás desnuda mujer de cabellera otoñal? ¿Yo desnuda? dijo ella, y se miró y comprobó que realmente estaba desnuda, ya no traía armaduras, ni escudo, pero si una espada, una hermosa espada sobre su frente, un hermoso cuerno de unicornio…Se abrazaron, se besaron, se reconocieron y sin explicación alguna comenzaron a confundir sus luces, hasta que se elevaron por el cielo y se hicieron Uno con el Sol y nunca más regresaron.
¿Desaparecieron? Dicen los viejos árboles sabios que eso nunca ocurre, porque cuando el Todo une sus partes, simplemente vuelven de donde vinieron y desde ahí aman a y protegen a todos los seres que desean iluminarse.
¿Y tú crees que estarán cuidándonos ahora?
Sin duda, yo sé que sí…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario