jueves, 31 de diciembre de 2009

Cuentos de Vampiros...



Rápidamente se deslizaba la sangre por su espalda, y rápidamente se secaba y quedaba en sobrerrelieve la salada muerte. Salada como mis lágrimas al encontrarla. Salada y gris como mis manos llenas de sudor.

Yo no la amaba porque no la conocía, sin embargo mi corazón latió en el último sorbo, no sé si por borracho o por satisfecho. pero al dar las diez, sabía que la celda se abriría y que algo...iba a suceder. No siempre me ponía tan violento, a veces podía conformarme con un  zancudo o un gusano. A veces cuando estaba muy hambriento perseguía baratas y hasta hormigas, pero aquel dia , aquel dia cuando la vi, supe que su talla era suculenta y que su sabor rodaría suavemente por mi lengua hasta  mi estómago. Yo no quería matarla... yo, yo no quería que yaciera entre mis dientes.
Yo tenía hambre, hambre, mucha hambre y ... la devoré.

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